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Cuando se trata de ensaladas, no hay mucho que decir más que los ingredientes y lo deliciosos que quedan juntos. Éste es el caso de una ensalada sencilla y riquisíma. Me encanta agregar frutas a las ensaladas y el durazno con la rúcula y el queso de cabra hacen una combinación, a mi gusto, exquisita.

Los ingredientes son a ojo y a gusto de cada uno de ustedes:

Lechuga morada

Rúcula

Durazno

Queso de cabra

Nueces pecan tostadas

Aceite de oliva

Sal y pimienta negra

Partir las hojas a mano y disponer en plato o fuente. Cortar los duraznos en gajos y colocar sobre las hojas. Deshacer el queso sobre estos y agregar las nueces.

Yo condimenté con aceite de oliva, sal y pimienta negra. Pero pueden optar por condimentarla como más les guste.

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Además, quería recomendarles un aceite de oliva que probé recientemente y me encantó (de hecho fue un regalo que usé en esta ensalada ¡y estoy disfrutando muchísimo!). El aceite es de Finca Babieca (Punta del Este). Se llama “Primum” y la variedad es Arbequina. Existen muchos aceites de oliva uruguayos buenos, pero éste cayó por azar en mis manos y no quería dejar de recomendárselos.

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Tal vez somos varias las amantes de las ensaladas que quisiéramos incorporarlas como plato en la cena familiar. Pero, en general, para los hombres la ensalada es apenas un acompañamiento. A las parejas o madres de estos hombres, dedico este post.

El lunes hice esta ensalada para cenar en casa. Confieso que me arriesgué porque por más bueno que sea mi marido, la ensalada no es uno de sus platos preferidos y menos aún el queso de cabra. De todas maneras, la hice -pero tenía un plan B en la heladera, no soy tan cruel. La cuestión es que primero, le entró por los ojos y me dijo: “¡Mmm, qué pinta!” Después, la pregunta: “¿Qué tiene?” Acá es cuando intento zafar cada vez que hago algo que puede no gustarle de primera… “Rúcula y ciruelitas… es agridulce”.

Luego del primer bocado no me miró muy convencido, pero ya en el segundo me dijo que le había gustado… avanzada la cena (y la ensalada) me dijo que el queso de cabra “pasaba” entre los demás sabores. O sea que, resumiendo, fue un éxito.

Mi intención no es dejar a los hombres como tontos, ni mucho menos, lo que pasa es que a la mayoría les gusta el asado, las milanesas y la carne al horno (todo con papas, claro) porque es lo que les hacían de chicos y no les interesa probar otras cosas porque eso les gusta. Yo hace ocho años me propuse como objetivo mostrarle sabores nuevos y expandir su paladar, básicamente por mi gusto por la comida. No estaba “mal” que solo le gustaran esas cosas, pero sentía que había todo un universo que él desconocía. Y por ahora ha sido un éxito. Lo único que no tiene marcha atrás es su repudio al pescado y todo lo que venga del mar -menos los buñuelos de algas- ¡y eso que es surfista!

Bueno, les dejo la receta para esta ensalada y espero que la hagan porque es deliciosa.

INGREDIENTES (para 2 porciones generosas):

3 ciruelas

1 atado de rúcula

1 puñado de albahaca

1 puñado de nueces

queso de cabra

aceite de oliva

sal y pimienta

PROCEDIMIENTO:

Cortar las ciruelas en mitades y quitar el carozo. Colocar aceite de oliva en una plancha caliente y grillar las mitades de ciruelas.

Colocar la rúcula y albahaca lavadas en una fuente y rociarlas con aceite de oliva, sal y pimienta.

Colocar las ciruelas, el queso de cabra y las nueces y volver a rociar con oliva.

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El pasado jueves 15 de agosto una de mis chefs preferidas vino a Uruguay a dar una clase de cocina, presentar un libro y cocinar un almuerzo en el restorán Jacinto.  Yo me anoté en la clase y la experiencia fue espectacular. Ella es tal como la imaginaba: sencilla, amable y espontánea.

Hacía una semana me había anotado junto con mi querida Uke a la primera clase (de varias, según entendí) de Juliana en Montevideo y aún no tenía su último libro “Mis sabores preferidos”. Cuatro días después el divino de mi marido me lo regaló, y allá caímos en Jacinto (Peatonal Sarandí esquina Alzáibar) las dos ilusionadísimas de conocerla, 15 minutos antes que comenzara la clase y con nuestros libros bajo el brazo para que nos firmara.

mis sabores preferidos

Nos ubicamos en la primera fila, pedimos una copa de Malbec de Emilia Nieto Senetiner y esperamos con ansias conocer a Juliana. Mientras esperábamos que llegaran todas las inscriptas a la clase, ella conversó con todas y nos convidaron con dos tipos de mini bruschettas: unas con aceite de oliva, tomates cherry, mozzarella de búfala y albahaca y las otras con aceite de oliva, zucchinis rallados, ralladura de limón y menta.

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Fue una clase demostrativa e interactiva, muy descontracturada en la que pudimos ver, oler y tocar todo lo que preparó.

El menú consistía de una entrada, plato principal, postre e infusión.

La entrada era una ensalada de quinoa con zanahorias caramelizadas, cebolla colorada, cilantro y queso de cabra con una vinagreta de aceite de oliva y lima acompañada de una galletita de zanahoria, cebolla y sésamo, deliciosa.

El plato principal eran unas cintas con salsa de hongos (portobello, champignon y del bosque hidratados) y pan crocante con almendras, limón y tomillo que sirvió con parmesano y rúcula fresca.

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De postre preparó una torta húmeda de polenta, limón, almendras y peras caramelizadas que era una explosión de sabor. Para acompañarla hizo rápidamente un queso crema endulzado con azúcar impalpable. Y, por último, una infusión de limón y naranja con jengibre, cedrón y menta que sirvió caliente junto con el postre.

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Luego, cenamos y nos fuimos con todas las recetas; felices y con ganas de volver a la próxima clase.

Hoy les voy a dejar la receta de las galletitas que las preparó Uke ayer y le quedaron riquísimas.

GALLETAS DE ZANAHORIA Y SÉSAMO

INGREDIENTES:

1 cebolla blanca mediana rallada finita

1 zanahoria grande rallada finita

1/2 T de semillas de sésamo tostado

1 T aceite de oliva

50 g manteca

sal

harina (cantidad suficiente)

PROCEDIMIENTO:

Precalentar el horno a 180ºC.

Rallar la cebolla y zanahoria y agregar las semillas, manteca, aceite de oliva y sal.

Luego agregar harina de a poco hasta obtener una masa suave y maleable.

Estirar formando galletas desparejas o “lenguas deformes alargadas” (así dice en la receta, eran como triángulos alargados).

Colocar sobre una placa de horno, pinchar y hornear hasta que estén doradas.

Dejar enfriar sobre una rejilla por completo para que no se humedezcan al guardarlas.

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Algunos tips que nos dejó para estas galletas fueron que luego de cocidas las podemos congelar y que esta misma masa puede utilizarse para hacer grisines o masa de tarta.