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Este verano me propuse aprender a hacer asados. Toda la vida viví en casa con parrillero y tuve estufa a leña, pero más que prender el fuego para calentar el hogar, nunca lo había hecho para cocinar a la parrilla. Creo que siempre nos descansamos en que alguien hará el asado y además, por más que me gusta la carne, no soy fanática de los asados en sí mismos. Me encanta la reunión y el ambiente, pero la comida que generalmente se hace no es lo que más me gusta.

Por esta razón, decidí aprender yo misma e innovar un poco la clásica parrilla. Tuve al mejor maestro (mi cuñado) y además me llevé de viaje el libro “Siete fuegos” de Francis Mallmann. Más allá de los recientes episodios en torno a este chef argentino (ya sea el del festival gastronómico de Montreal o los problemas impositivos en Pueblo Garzón) y las eternas críticas que recibe, yo creo que es muy bueno en lo que hace, sus recetas son deliciosas y 100% factibles -que es muy importante-. La mayoría de las recetas de este libro se pueden hacer en horno común o sea que no es excluyente que tengan parrilla para tenerlo.

Después de la clase teórico-práctica acerca de cómo prender el fuego, qué madera usar (piña o ramitas, primero, después astilla para que prenda el fuego y leña de monte para que haga brasa) y cómo hacer “nudos” con el papel de diario colaboraban con un buen resultado, me vi encendiendo una verdadera fogata. Me encantó. Creo que desperté un costado piromaníaco…

En fin, hice tres asados donde la verdad es que fui más cabeza pensante y organizadora que ejecutora. Primero, ¡qué calor se pasa al lado de la parrilla! Y segundo, siempre los hombres querían tomar la posta del asado…  Como tanta experiencia no tengo y arruinar un asado es gravísimo, me aproveché un poco de esto. Siempre prendía el fuego y organizaba, pero terminaba dirigiendo la orquesta más que nada.

En el primer asado hicimos un pollo al limón con chimichurri siguiendo la receta del libro de Mallmann y zapallo al rescoldo (a las brasas, que según explica el chef argentino, deben cubrir en toda su superficie a la verdura entera).

El segundo asado fue clásico, clásico -era el del 31-, pero hice un pan de campo con aceite de oliva (va la receta al final), una salsa criolla para picar mientras salían los chorizos y la molleja, una ensalada de zucchinis, limón, albahaca, menta y parmesano (todas recetas de Siete Fuegos) y una ensalada de tomate, pepino, queso danbo y aceitunas.

Salsa criolla

 

Ensalada de tomate, pepino, danbo y aceitunas

El tercer asado fue en el que dos mentes femeninas dominaron y solo ocuparon un rincón de la parrilla con unas picanhas -deliciosas, por cierto- y el resto con verduras y una plancha que usamos para hacer la entrada o picada que constaba de pan “a la chapa”, tomates asados con aceto, cebollas salteadas y ajo asado. La primera impresión a los ojos masculinos fue que el asado era pura verdura y que faltaban las papas chips (?!), pero la verdad es que les encantó todo a todos.

Cebollas a la plancha

Parrilla

PAN DE CAMPO (del libro “Siete Fuegos” de Francis Mallmann)

15 g levadura fresca

1 T agua tibia

500 g harina

1 cda sal gruesa

1 cda azúcar

1/2 T aceite de oliva

Disolver la levadura en media taza de agua tibia.

Poner la harina, la sal y el azúcar en un bol, añadir la levadura disuelta, el aceite de oliva y la media taza restante de agua tibia y mezclar hasta que se unan.

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Agregar hasta una taza más de harina, según sea necesario, para formar una masa que no sea pegajosa. Pasarse a la mesada enharinada y amasar durante 10 a 12 minutos, hasta que la consistencia sea lisa y elástica. Transferir a un bol enharinado, cubrirla con un lienzo húmedo y dejar en un lugar cálido para que leve durante aproximadamente una hora, hasta que duplique su volumen.

Enharinar una superficie de trabajo. Aplastar la masa con el puño. Extenderla para formar un rectángulo de aproximadamente 20 cm de ancho por 38 cm de largo y 2 cm de espesor. Humedecer la superficie ligeramente con un poco de agua y arrollarla a lo largo para formar un cilindro, emparejando los lados con las palmas de las manos. Colocar en una placa enharinada, cubrir con un lienzo húmedo y dejar levar nuevamente alrededor de una hora, hasta que casi se haya duplicado.

Hacer 4 o 5 cortes en diagonal de 1 cm de profundidad, en la parte superior de la masa. Humedecer con agua y espolvorear con un poquito de harina.

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Llevar a horno de barro o común precalentado a 180º por 45 minutos hasta que la corteza esté crocante y el pan suene hueco al golpearlo en la base. Dejar enfriar sobre una rejilla.

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Después de un fin de semana tan lindo con mis amigas, mi marido y yo decidimos irnos también a Colonia. Con algunas semanas de anticipación hicimos la reserva para nuestra estadía en la Posada del Virrey y el viernes pasado, después de un día gris y lluvioso, que no nos daba muchas esperanzas de buen clima, salimos hacia nuestro destino.

Si están pensando en ir a Colonia, les recomiendo que reserven con anticipación porque por suerte, es un destino súper visitado, y si quieren ir a alguna posada en particular, es conveniente que sean precavidos y hagan sus reservas de antemano.

La Posada del Virrey es espectacular. Es sencilla pero está decorada con muy buen gusto, y la ubicación es excelente.

La noche que llegamos paseamos por el centro histórico y nos encontramos con la grata sorpresa de que en varios restaurantes había música en vivo. Elegimos quedarnos en “El Drugstore” un local muy pintoresco, decorado con mesas y sillas en colores primarios y telas a lunares y con las paredes llenas de afiches muy coloridos de cuadros y cine. Una pareja estaba tocando bossa nova divinamente así que no dudamos en sentarnos allí. 

Pedimos unas croquetas de queso con romero que estaban muy ricas, una tortilla de papas, que a mi gusto estaba un poco pasada de punto y no muy sabrosa, y mi esposo pidió unos ñoquis con salsa filetto, que estaban bien.

No quiero explayarme mucho en este lugar porque tenía muy buena onda, y como decía antes, es muy pintoresco, pero el servicio y la comida no me convencieron. Creo que debo ir nuevamente para definir si me gustó o no, a pesar de los músicos que, repito, eran geniales.

Al otro día amanecimos con un día espectacular, soleado, y con un desayuno riquísimo y muy completo, con jugo de naranja natural, yogur, chocolatada, café y leche, croissants, panes saborizados, cereales, frutas y tortas dulces además de quesos, jamón, manteca y variedad de dulces, servido en una sala comedor con aires de campo.

Luego preparamos un mate y salimos a recorrer Colonia.

Al mediodía teníamos antojo de parrilla – algo rarísimo en mí- y decidimos saciarlo en “Marlo” (Calle del Comercio entre Calle del Colegio y De la Playa) una parrillada muy linda puesta, que tenía unos pizarrones a la entrada que despertaban el instinto carnívoro de cualquiera. La carta se centraba en distintos tipos de carne (de vaca, cerdo, pollo y pescado), acompañamientos y empanadas caseras. El servicio fue muy bueno: nos atendieron enseguida, nos aconsejaron bien y los platos vinieron en tiempo justo.

 Los dos comimos carne vacuna que estaba muy buena. Los precios eran razonables y como plus, pudimos tomar cerveza artesanal “Mastra” embotellada y etiquetada especialmente para el local. Además contaban con varias marcas de cervezas importadas a buen precio.

 Hay un montón de parrilladas en Colonia que no conozco, pero si están con ganas de parrilla y no saben dónde ir, yo les recomiendo “Marlo”.