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Hace un par de semanas leyendo el newsletter de Bla me llamó la atención un artículo acerca de una bebida en base a té frío, leche, frutas y tapioca, de origen Taiwanés, que se llama Bubble Tea o “Té de Burbujas” – por las perlas de tapioca que se asemejan a burbujas. (Vean el artículo aquí). 

El mix de los ingredientes me pareció que podía ser una opción interesante para desayunar, así que experimenté y el resultado fue bueno. Tienen que intentarlo un día que no tengan que salir a las corridas porque hay que esperar que se haga la tapioca y que se enfríe el té. Para endulzarlo pueden usar cualquier cosa, yo usé azúcar rubio y miel.

Acá va una versión de Bubble Tea, las combinaciones son infinitas…

(para 2 porciones)

1/4 T de tapioca

1 3/4 T agua (la relación es 7 (agua): 1 (tapioca))

1 T de té de ceylán frío

1 T de leche de soja (puede ser animal o vegetal)

1 T de jugo de mandarinas

1 cdita azúcar rubio

1 cdita miel

Hervir la tapioca en el agua durante 15 minutos, apagar el fuego y dejar reposar por 15 minutos más. La consistencia que van a obtener es gelatinosa.

Mientras tanto hacer el té elegido (yo usé negro, pero puede ser verde también).

Exprimir 2 mandarinas.

Cuando el té esté tibio, verterlo junto con la leche elegida, el jugo de frutas y el azúcar rubio en la licuadora. Mezclar.

Servir la tapioca fría en el fondo de los vasos donde se va a servir la bebida y sobre ésta, verter la mezcla de té. Rectificar dulzor y si quieren le pueden agregar la cucharadita de miel.

Se puede tomar con sorbitos gruesos o bebido con ayuda de una cuchara.

Queridos todos, les cuento que si quieren probar el té chai de Carmencita que les comenté, lo pueden encontrar en Mercado Verde (www.mercadoverde.com.uy). Es una tienda de productos naturales y orgánicos divina. Está en Pocitos (Jaime Zudáñez esq. Franzini) y Carrasco. Saludos!

Hace algunos meses, cuando empecé a investigar acerca de los food blogs, leí un artículo de un food blogger muy conocido que, debido a su éxito, escribía algunos tips para quienes quisiéramos empezar un blog de comida. Recuerdo uno que me quedó grabado: nunca empezar un blog pidiendo disculpas por no haber escrito en un tiempo. Primero, porque suena a que es una tarea pesada, o un compromiso escribir, cuando para los bloggers es un placer hacerlo, y segundo porque no hay excusas para no escribir ni siquiera una vez por semana en un blog de comida, ya que por lo menos tres veces por día, algo, tenemos que comer.

Bueno, confieso que en mi caso, debo empezar por una disculpa. No quiero que parezca que me cuesta o me da pereza escribir (todo lo contrario) pero la verdad que han sido unas semanas hermosas, pero atareadísimas, ya que me casé y recién llego de mi luna de miel. Los últimos detalles de los preparativos hicieron que mientras estuve en Montevideo, no haya preparado ni siquiera una sopa instantánea! Así que, disculpas pedidas, comienzo mi nuevo post acerca de mi estadía en Méjico.

El destino específicamente fue Tulum, en el estado de Quintana Roo, a una hora en auto de Playa del Carmen. La verdad que es un lugar paradisíaco, donde además comimos riquísimo.

En la mayoría de los restaurantes mientras decidíamos qué comer y esperábamos nuestros platos, nos servían totopos con guacamole y frijoles refritos. Una moza, a quien consulté por el guacamole, me comentó que lo hacían solo con palta o aguacate, lima o limón, cebolla y tomate. Nada de salsa picante ni cilantro, que en general son los ingredientes que encuentro en las recetas de guacamole. No sé si era por ser un lugar turístico que le bajaban un poco el picor o que la forma de hacer el guacamole depende de la zona de Méjico. Un tip que me enseñó una conocida mejicana, es hacer la mezcla y servir el guacamole con el “hueso” o carozo, para evitar que la palta se oxide. Además, en Méjico, nunca jamás se “mixea” la mezcla. Los trozos de tomate y cebolla eran totalmente perceptibles a la vista y en boca, al igual que la palta que no estaba totalmente triturada. Es súper sencillo y rústico.

Otra de las delicias que probamos fueron los famosísimos tacos y quesadillas: rellenos de res, hongos y mariscos. Siempre con salsa de tomate picante y queso rallado por encima y acompañados con guacamole y frijoles refritos. En general, la bebida elegida para comer era cerveza o limonada, aunque también nos deleitamos con alguna que otra Margarita…

Cuando se trata de dulces, debo confesar que no fue lo que más disfruté. Me gustó mucho, mucho, el tamarindo abrillantado, pero el pastel de tres leches, que es típico en Méjico, no me pareció gran cosa. Tal vez no probé la receta más felíz, o tal vez estoy “mal acostumbrada” a las delicias criollas y por eso no me fascinó. Habré de cocinar mi versión para evaluar si era la receta, la mano o por definición, no será de mis postres favoritos.

En las mañanas supe desayunar con un jugo muy sabroso que se llama “jugo verde”. Luego de dos días seguidos tomándolo sin saber qué tenía, lo consulté, nuevamente, con una moza del lugar. Es un jugo bastante típico de la zona que se hace con espinaca, naranja, nopal (el fruto del cactus) y, a veces, apio. Realmente delicioso.

Otra bebida que conocí fue el agua de Jamaica. Es una infusión de flores de hibisco deshidratadas que se toma frío con azúcar. Estuve averiguando y no se consiguen flores de hibisco deshidratadas en Montevideo (al menos en la mayoría de los mercados de productos naturales y orgánicos). De todas maneras, les dejo un link de una receta de agua de Jamaica de Heidi Swanson, para quiénes vivan en otro lugar y puedan conseguir. Si alguien sabe dónde comprar estas flores deshidratadas acá, por favor no dejen de contarnos, ya que es una bebida sabrosísima que además tiene muchas propiedades buenas para nuestro cuerpo.

Hasta aquí una breve descripción gastronómica de nuestra estadía en este maravilloso país. Próximamente, les voy a pasar algunas recetas para armar una perfecta fiesta mejicana. Hasta la próxima!