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Luego de una pausa en el relato de mi viaje, retomo para contarles de mi estadía en París.

Mucho ha sido escrito acerca de esta hermosa ciudad, por lo cual mi idea está lejos de ser una descripción de la misma, sino un relato de las comidas riquísimas que probé y de los lugares donde comí.

En esta primera entrega de París, les recomiendo dos lugares donde comprar cosas ricas y en la próxima, van algunos platos deliciosos que probé.

París tiene una boulangerie (panadería) o una patisserie (pastelería) cada dos pasos. Y en cualquier bar o café, podemos pedir un croissant que se deshaga en nuestras bocas. La presencia de la manteca en la comida francesa es una marca registrada, pero tiene otra liviandad que la nuestra. Tal vez es el romance de la ciudad que nos hace relativizarla, pero la verdad es que los panes, croissants y pasteles franceses son una delicadeza que da placer a nuestros paladares.

El primer día, caminando por el barrio de nuestro hotel, descubrimos una boulangerie-patisserie espectacular y muy conocida, llamada Eric Kayser. Los panes franceses, en general – por supuesto que los de este lugar también – no sólo son riquísimos sino que tienen un aspecto increíble (y sino miren estas fotos!).

Aquí compramos un eclair de chocolate (es como una bomba de forma alargada y rellena de chocolate), macarons de pistacho, frutilla y limón (de-li-cio-sos!), una madeleine (magdalena) de chocolate, un pain aux chocolat (pan con chocolate) y una cookie. Todo estaba buenísimo y hay un montón de panaderías y pastelerías en París, pero Eric Kayser es muy recomendable. Solamente en París hay 19 sucursales, hay además en otras ciudades y también otros países. La de la imagen, es la de Rue Monge y St. Germain, si están por ahí, no dejen de entrar.

Otra cosa que abunda en las calles parisinas, son las queserías (fromageries). El último día en esta ciudad, compramos en Laurent Dubois varios quesos para la cena de Año Nuevo en Amsterdam.

Con una amiga actuando de traductora, hice caso a las recomendaciones de la chica que trabajaba allí y compré un Mont d’or aux truffles Perigord (foto) que según esta persona es un “ícono de las festividades”. Se trata de un queso blando del estilo del brie o camembert que se come con cuchara, ya que es bastante líquido. Se guarda en un recipiente de madera donde se deja madurar y se forma el hongo blanco en su cubierta. En este caso, tenía unas trufas negras de la región de Perigord, que se consiguen sólo en época de fiestas, y de ahí que fueran características de estas fechas.

Además compré un Brie de Meaux ,que es un clásico en París, y un Brie de chevre aux figues (brie de cabra con higos) que eran realmente deliciosos.

Siendo las 8 de la mañana, me vi tentada con un yogur de vainilla Le Fierbois que bien podría haber servido de postre, ya que tenía un sabor y una cremosidad espectaculares. Nunca había probado un yogur tan rico!

Para terminar con este post larguísimo, no quiero dejar de contarles que prácticamente todos los días de la semana hay ferias increíbles de frutas, verduras, quesos, pescado, etc. en París, pero si no se topan con ninguna en sus paseos, pueden ir directamente a la calle Montorgueil. No se trata de una “feria” propiamente, pero si les divierte caminar entre mercados y tiendas del rubro, allí se reúnen panaderías, carnicerías, pescaderías, pastelerías, queserías, chocolaterías, verdulerías y tiendas de objetos para la cocina.

El pasado 23 de diciembre, junto con mi marido y una pareja de amigos, emprendimos un viaje a Europa que duraría tres semanas.

El primer destino fue Madrid, donde pasamos la Nochebuena y Navidad con amigos. Debido al cansancio con que llegamos y el corto plazo hasta la hora de la cena, no hubo nada de cocina, sino preparación de un abundante copetín que no necesitó de un plato fuerte. Pasadas las 12 y con regalos de amigos invisibles de por medio, salimos por las calles de la capital española por unos tragos.

La verdad es que no había mucho festejo, ya que Madrid está llena de inmigrantes locales y extranjeros que habían partido a sus ciudades natales para estar en familia. Y  quienes sí estaban allí, habían optado por permanecer en sus casas.

Me fascinó la iluminación de las calles con motivos y colores invernales, que luego confirmé era un factor común en todas las ciudades europeas.

El 25, sin embargo, había bastante actividad en la calle. Locales abiertos, gente caminando por la calle y hasta ligamos un espectáculo al aire libre en la plaza de la parada de metro “Ópera”, donde una cantante estaba interpretando villancicos en compañía de un pianista.

A la noche, el barrio más divertido para ir de tapas es “La Latina” y allí fue donde tapeamos y bebimos “cañas” (le llaman así a lo que nosotros llamamos “liso” (de cerveza, claro)). Caminamos por la Cava Baja, que es una calle que reúne muchos bares de tapeo y donde nos sentamos a degustar algunas exquisiteces.

Algunos de los platos que probamos fueron:

1. Pimientos del Padrón: Son unos pimientos verdes de mediano tamaño que se doran en aceite de oliva con sal gruesa. El dicho dice que “unos pican y otros no”. La realidad es que dentro de una porción, seguramente sólo uno pique… pero mucha suerte a quién le toque, son muuuy picantes!

2. Gambas al ajillo: Servidas en olla de barro con el aceite hirviendo (hay que comerlas antes que dejen de chirrear).

3. Tortilla de papas: La mejor del mundo. Mi desafío es lograr el sabor de la tortilla española. Son más esponjosas, sabrosas y tiernas que las que estamos acostumbrados a comer acá.

4. Plato de Jamón Ibérico: En un local de jamones ubicado en esta misma calle, nos explicaron que el corte más rico es la paleta del ibérico de bellota (para tener en cuenta).

5. Croquetas de papa y jamón (crudo, claro)

6. Huevos estrellados: Es un plato que viene con papas fritas y huevo frito: una bomba, pero delicioso. En Madrid nos lo sirvieron con chorizo y pimientos del padrón y en Barcelona lo comimos con jamón crudo.

7. Papas bravas: Las que conocemos, a veces en gajos con piel, otras en cubos peladas, con salsa tipo mayonesa con picante.

Existen muchos tipos de tapas, de hecho en Barcelona probamos otras a las que llaman “tostas” y son panes tostados de un lado y rociados con aceite de oliva y ajo, del otro, con diferentes sabores encima: salmón y roquefort, camembert y jamón crudo o escalivada (entre muchísimos otros).

La escalivada es uno de mis sabores preferidos que se hace con morrón, cebolla, berenjena, tomate y ajo cortados, cocidos al horno con aceite de oliva y sal. La escalivada también se come como ensalada sobre verdes y con un queso cremoso. En el viaje comí una ensalada así con queso de cabra muy buena y las tostas de la imagen, también con queso de cabra. En Montevideo, “Mediterráneo” (Maldonado 1766 esq. Yaro) ofrece una ensalada escalivada espectacular.

En Barcelona, todo, todo, todo, se come con pan con tomate que es una rodaja de pan a la cual se le pasa un diente de ajo y tomate con bastante presión, como deshaciéndolo. En algunos lugares, nos lo trajeron listo y en otros los tres ingredientes por separado para que cada uno se lo prepare.

Todos estos platos son facilísimos de hacer y no requieren de mucha más información que las fotos, que son, de por sí, bastante explicativas, así que si quieren hacer unas tapas en casa, podemos empezar por éstas que son súper sencillas. Aquí no conseguimos pimientos del Padrón, pero podemos sustituirlos por otros, aunque no aplique el dicho…

A la vuelta del fin de semana en Colonia, mi esposo y yo nos desviamos un poco para parar en Colonia Suiza y surtirnos de quesos y otras cosas ricas. Paramos en “Los Fundadores”, una granja a la entrada de Nueva Helvecia (o Colonia Suiza) que nos había recomendado una prima mía, donde venden quesos, embutidos, mermeladas, dulces y conservas artesanales de muy buena calidad y a buen precio. Hay un montón de granjas que venden estos productos, pero éste es el que conozco y me parece bueno para recomendarles, si saben de otros que sean buenos, no dejen de contarme. (Para llegar a este local, deben ir por ruta 1 hasta la entrada a Nueva Helvecia, que tiene una suerte de rotonda, tomar la calle principal -si van hacia Montevideo es a la izquierda- y luego de pasar el pórtico de entrada a la ciudad, en seguida a mano izquierda, siguen unos metros y van a ver el cartel de la foto).

Además de una amplia variedad de estos productos, tienen unas galletitas de origen suizo que se llaman “brislet” que son deliciosas. Sale $50 la bolsita y vale la pena probarlas. 

El kg de queso Colonia y Parmesano, vale $220. Hay quesos colonia saborizados en hormas de un kilo, que valen lo mismo, quesos azules y quesos de cabra en aceite de oliva saborizados (éste último valía $190- sí, es caro, pero en general los quesos de cabra lo son…). Los dulces valen más o menos $90 los de medio kilo.

Nosotros compramos un trozo de queso parmesano riquísimo, una horma de colonia con hierbas que estaba rico, pero creo que era más rico el de horma grande que nos dieron a probar, un frasco de queso semi duro de cabra en aceite de oliva con albahaca (de Establecimiento Martilú, como los que se ven en la foto, arriba de la vitrina) y una mermelada de frutillas, frambuesas y cerezas.

La misma semana que volvimos, unos amigos nos invitaron a su casa y no quisimos caer con las manos vacías. Aproveché el queso de cabra que habíamos comprado e hice una ensalada tipo griega, que les dejo a continuación. Espero que les guste!

ENSALADA GRIEGA

3 tomates

1 pepino

aceitunas negras (cuantas quieran)

200 g queso (en este caso de cabra semiduro, pero en general es feta)

Cortar el pepino en rodajas, el tomate en gajos y poner en un bol. Agregar las aceitunas y el queso y mezclar.

En este caso, no condimenté la ensalada, porque como el queso ya tenía aceite de oliva y albahaca, no era necesario, pero se puede condimentar con aceite de oliva, vinagre y hierbas como orégano y perejil, sal y pimienta.

Además la ensalada “joriátiki” o “campesina” (como la llaman en la cocina griega) lleva 2 morrones verdes y 1 cebolla, pero preferí no ponerle.

Seguramente en los últimos años, hayan escuchado el nombre de este “superalimento” que es la quinoa. Se ha puesto bastante de moda, probablemente por su origen, ya que la vuelta a las cocinas típicas regionales ha sido el factor común de las tendencias gastronómicas, pero seguramente también porque tiene excelentes cualidades nutritivas.

La quinoa se utiliza en la cocina desde los incas quienes la llamaban el “grano madre” ya que lo consideraban sagrado por las virtudes que tenía y porque crecía bajo las condiciones climáticas más adversas.

Este grano no es un cereal, pero se lo llama “pseudocereal” porque tiene mucho almidón y se usa similarmente a los cereales. Las características que hacen que la quinoa tenga tan alto valor y calidad nutritiva son que tiene un gran contenido de proteína, superior al de la leche de vaca, la soja y la carne, pero además esta proteína es de gran calidad biológica porque tiene un alto contenido de aminoácidos esenciales. Cabe señalar que, también, tiene un alto contenido calórico: 400 calorías cada100 g.

Todos deberíamos incorporar la quinoa en nuestras dietas, pero debido a sus propiedades es especial para mujeres embarazadas, niños, deportistas, celíacos (no contiene gluten) y vegetarianos y veganos, ya que es un excelente sustituto de la proteína animal. 

Podemos encontrar quinoa en cualquier supermercado o tiendas de productos orgánicos y naturales.

A la hora de cocinarla, podemos usarla en grano o en harina. Si utilizan el grano, es muy sencillo de trabajar, como si fuera arroz, lo único importante es lavarlo antes de consumirlo porque tiene una película que le da un sabor amargo. 

En esta oportunidad les voy a dejar una receta para hacer a la hora del desayuno, para arrancar el día con mucha energía. Es ideal para aquellos días que tenemos la agenda complicada. Esta receta es muy sencilla y de por sí dulce, así que no es necesario agregar miel o azúcar o cualquier edulcorante, y por favor: los jugos tienen que ser naturales.

Gacha de quinoa (o Quinoa porridge) – 1 porción

½ taza de quinoa lavada

½ taza de jugo de naranja

½ taza de jugo de manzana

Poner los jugos en una sartén u ollita a fuego medio-bajo junto con la quinoa y dejarlo cocinar revolviendo de vez en cuando. Va a llevar unos12 a15 minutos aproximadamente, vean en la imagen el aspecto de la quinoa cocida, para tener como referencia.