La primera noche en la capital francesa, encontramos un restaurant cerquita del hotel donde nos estábamos hospedando, que terminó siendo nuestro preferido en el barrio.

Se trataba de un lugar muy típico, con una carta que tenía solamente platos franceses. Probamos la clásica soupe al’ognion (sopa de cebolla), fondue y raclette. La raclette es una comida que está compuesta por queso, papa, pan y embutidos. El queso se lleva a la mesa con un calentador que va derritiéndolo (ver fotos) para verterlo sobre las papas y el jamón, salame, etc.

En Montevideo, podemos comprar una “racletera” en Tienda Inglesa. No se trata de los clásicos implementos para derretir el queso, pero es una versión útil que permite una comida dinámica y sin mucha preparación previa para compartir con amigos. Se puede conseguir una racletera de 6, 8 o 12 personas, son eléctricas y en general, todas funcionan de la misma manera: tienen una parrilla de teflón, donde se pueden dorar los embutidos y cualquier otro ingrediente que les tiente, y debajo, hay unas bandejas -también de teflón- donde irá el queso para derretir (yo, en general, uso fontina).

Volviendo a la cena en París…

De postre pedimos una mousse de chocolate que estaba riquísima, unos crepes y una tarte tatin de manzana deliciosos.

Para tomar, pedimos un chardonnay para comer con la fondue, previa recomendación del mozo. Y en otra oportunidad, pedimos un vino tinto de Cotes du Rhone.

Otro plato típico para probar en cualquier bar o cafetería en París, es el facilísimo-de-hacer Croque Madame. Se trata de un sandwich tostado, relleno con jamón y queso, que lleva un huevo frito por encima cubierto con queso grillado. También existe el Croque Monsieur que es como el anterior pero sin el huevo.

Además de estos platos probamos, en una feria de invierno en el barrio de La Defence, una comida deliciosa, llamada tartiflette. Al consultarle al señor que la estaba cocinando, nos contó que es un plato típico de Alsacia que se cocina en una especie de paellera y consta de papa, cebolla, queso, panceta, ciboullete y vino blanco. También un plato súper invernal y fácil de preparar.

Otra de las cosas que probamos en esta feria, fue el tan popular vin chaud (vino caliente). Esta bebida la vimos también en Alemania y República Checa. Se trata de un vino tinto bien dulce, especiado (lo probé con anís y canela pero podríamos utilizar también clavo de olor, jengibre, cardamomo, etc) y perfumado con naranja. Para hacerlo, se vierte el vino en una cacerola junto con las especias, algunas rodajas de naranja y miel o azúcar y se deja tomar temperatura y consolidar los sabores.