Hace un par de días estuve conversando con una amiga que me contaba que sus ensaladas no salen del tomate y la lechuga, y pensé que es una lástima porque las ensaladas son divertidísimas de hacer y nunca nos vamos a aburrir de comerlas porque existen miles de posibilidades.

Entonces se me ocurrió escribir este post, a modo de ayuda para aquellas personas que recién incursionan en el mundo de la cocina o de las ensaladas puntualmente.

Las ensaladas que comemos deberían responder a la estación del año en que estamos. Un buen ejemplo, para mi, es la ensalada de fruta. Estamos todos acostumbrados a que sea de manzana, banana y naranja, y que la frutilla, el kiwi y durazno, aparezcan en algunas versiones más osadas.

¿Por qué en una época como ésta, no hacer una ensalada de cerezas, ciruelas y duraznos? ¿O una de ananá, mango y kiwi? ¿Frutillas, frambuesas y peras? ¿Sandía, melón y uvas? Hay que aprovechar!

Existe una infinidad de combinaciones de frutas para armar ensaladas y me parece que lo mejor es ir probando y aprovechando según la estación, que es cuando más frescas están y más nutrientes tienen.

En el libro “Jamie’s Food Revolution”, Jamie Oliver plantea su filosofía de cómo hacer una gran ensalada.

Propone que, al ir de compras, lo hagamos sin ataduras, pensando en las verduras de estación y pensando en combinar algo suave, algo crocante, hierbas, verdura, queso y un agregado, que pueden ser semillas o nueces tostadas, croutons, etc, que no sólo agregan sabor, sino también textura y en el caso de las semillas y nueces, calcio, proteínas y vitaminas, de acuerdo a cuál se utilice.

Bajo el concepto de “pick and mix” (elige y mezcla), Jamie nos invita a hacer una ensalada deliciosa escogiendo de cada categoría mencionada, una opción.

A estas categorías, les haría una variante. En lugar de “quesos”, elegiría la categoría “cremosos” donde ubicaría las proteínas, porque podemos usar huevo, quesos, tofu o legumbres y por qué no carnes: atún, salmón, pollo, entre otros.

Entonces, resumiendo, podemos darle un giro a la clásica ensalada de tomate y lechuga de varias maneras:

– LO SUAVE: lechuga mantecosa.

– LO CROCANTE: lechuga romana o crespa.

– HIERBAS: tal vez albahaca o perejil (frescos, claro).

– VERDURA: tomate, puede ser el clásico tipo “americano”, perita o cherry.

– CREMOSO: cubos de queso danbo o colonia.

– AGREGADOS: maní tostado, castañas de cajú, semillas de sésamo… etc, etc.

No quiero ser reiterativa, pero las opciones son infinitas. Podría escribir miles de posts acerca de las ensaladas, pero prefiero darles las herramientas para incursionar en casa y luego, ejemplos concretos de ensaladas que pruebo y hago.

En el caso de las hierbas, es cuestión de probar cuáles nos gustan más y con qué nos gusta comerlas (albahaca, perejil, menta, cilantro, eneldo, romero, tomillo, orégano, etc, etc, etc).

Además, podemos incorporar arroz, pasta, quinoa o cous cous y experimentar con “agregados” como aceitunas, pasas de uva, orejones o tomates secos.

También podemos incorporar frutas frescas y combinarlas con vegetales, o hacer ensaladas tibias, pero piano, piano. Empecemos “tuneando” la clásica ensalada que hacemos diariamente y eligiendo frutas y verduras de estación. Van a ver que enloquecen con las posibilidades!