Me encanta la pasta. En particular, la seca. Es de las comidas más versátiles que existen. Con aceite de oliva y un buen parmesano rallado salimos del paso cuando estamos apurados y perezosos, a la misma pasta la podemos servir con una rica carbonara y hacer un plato un poco más elaborado, también podemos saltearla con algunas verduritas al wok y mucha soja, al mejor estilo oriental, o acompañar un plato de albóndigas y hacer un almuerzo italianísimo, al mejor estilo “La dama y el vagabundo”. Cuando de pasta se trata, todo vale.

Últimamente compro pasta de sémola de trigo duro, aunque confieso que me encantan los tallarines al huevo caseros y los ñoquis caseros de cualquier sabor (papa, calabacín, rúcula, remolacha, etc). A medida que vaya haciéndolos de nuevo, les iré contando y pasando las recetas. Piano, piano… 

En general para uso diario, llamémosle así, compro pasta integral o de albahaca de Las Acacias, pero cuando quiero darme un gusto o vienen amigos a cenar compro Divella, Colavita o Barilla. Sé que Cipriani es buena pero confieso que aún no la he probado, aunque tengo unos pappardelle entre ceja y ceja, así que en breves les contaré qué me parecieron. 

Mis favoritos son los spaghetti, tagliatelle y penne y lo que más me gusta es hacer ensaladas con ellos. Pueden ser más frescas para el verano o tibias para el invierno, pero lo cierto es que no hay recetas cerradas para las ensaladas con pasta. Son siempre una buena alternativa y podemos incorporar muchísimos ingredientes frescos a nuestros platos.  

La Semana Santa pasada, mi novio y yo, fuimos un par de días a Punta del Este. Obviamente llegamos a una heladera vacía, así que fuimos al súper y compramos los ingredientes de la cena. Siempre es bueno ir a hacer las compras con una idea de lo que queremos cocinar, pero no con una lista muy cerrada de los ingredientes que necesitamos, porque depende de lo que haya en estación o las variedades que encontremos de lo que buscamos. En este caso, no había lista, por eso nos dimos el gusto de comprar lo que más nos tentó. Acá van los pasos de los tagliatelle con brie que hice esa noche.

Recuerden que si no son tagliatelle, pueden ser spaghetti u otra pasta y si no tienen brie, puede ser cualquier queso cremoso que les guste, un camembert, un queso de cabra, una ricota u otro. Lo mismo con las verduras, es la magia de las ensaladas de pasta. Recuerden que está bueno que tengan distintas texturas, algo cremoso, algo fresco, algo crocante. Las posibilidades son infinitas. 

No les paso cantidades exactas, porque la verdad es que lo hice a ojo y no les podría decir cuánto puse de cada ingrediente exactamente.  Pero piénsenlo en función a la cantidad de comensales. Por ejemplo, van a necesitar dos fetas (generosas, para mi gusto) de queso por plato, un puñado de tomates cherry por persona, la mitad de aceitunas negras porque son muy invasivas y algunas hojas de albahaca. La porción de pasta depende enteramente del apetito de cada uno. Para mi las porciones que indican los paquetes son muy chicas, por eso las hago más grandes, pero cada uno sabe cuánto come y si sirvieron algo antes de la pasta.

PASTA CON BRIE

Tagliatelle de sémola de trigo duro sabor espinaca

Tomates cherry

Albahaca

Un trozo de queso Brie

Aceite de oliva

Aceitunas negras descarozadas

Sal gruesa (si es marina, mejor)

Pimienta negra

Poner el agua a calentar. Al hervir agregar la pasta hasta que esté al dente (en este caso 7 minutos).

Saltear los tomates cherry en aceite de oliva con un poco de sal y pimienta negra recién molida.

Disponer de los platos que se van a servir. Colocar un poco de albahaca cortada a mano, algunos tomates, aceitunas y una feta del brie.

Luego de colar la pasta, servir las porciones en los platos que acabamos de preparar.

Disponer sobre la pasta, más tomates, aceitunas, hojas de albahaca enteras, otra feta de brie y un chorro de un buen aceite de oliva.

Acompañar con un rico vino tinto.