Cuando era chica, mi abuela María Lina me decía: “Hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo.” Básicamente porque, como todos sabemos, el desayuno es la comida más importante del día pero, además, porque todo lo que comamos inmediatamente antes de irnos a dormir, es probable que lo almacenemos bajo la categoría “rollitos”.

En mi caso, y desde que tengo recuerdo, mi comida favorita es el desayuno. No sólo porque me despierto realmente famélica, sino porque hay algo de ese momento en que uno está entre dormido y despierto, como en cámara lenta, que me invita a disfrutarlo y a comer cosas ricas.

En mis épocas de liceo, hacíamos cadena caminando con mis amigas para ir al colegio que era a dos cuadras de mi casa, por lo cual era la última a quien pasaban a buscar. Siempre, siempre, siempre las hacía esperar. Tengo un problema con el manejo de los tiempos, lo reconozco… El tema es que aunque no me despertara en hora, no podía dejar de desayunar. Era parte de ese ritual al que nunca estuve dispuesta a renunciar.

En esos momentos, mi deleite matutino era un café con leche con tostadas con manteca y miel. Con los años, mi desayuno ha ido cambiando, pero no mi amor por este momento del día. Reconozco que entre semana, tengo que apurarme, pero los sábados y domingos, disfruto de estirar este momento hasta el mediodía en pijamas, tomando mate.

Hoy en día mi menú varía, depende de la estación del año o del antojo que tenga en el momento. En general en verano, tomo un rico jugo de frutas recién hecho o también un buen licuado, y en invierno vuelvo a la bebida caliente. Me gustan mucho los cereales integrales, la granola y el pan integral, por lo cual cualquiera de los tres van variando y metiéndose en mi desayuno.

En esta oportunidad, les voy a contar de dos desayunos puntualmente. Uno otoñal, básico pero lleno de vitaminas (como me gusta a mi) y otro también delicioso, pero de puro antojo.

Hace un par de días, aproveché la época de raíces y cítricos que nos da el otoño, y me hice un jugo delicioso de zanahoria y naranja. Les voy a pasar cómo me gusta a mi, porque les cuento que la verdad es que no me gusta endulzar los jugos y licuados, ni el café o té solos. Si fueran a endulzar éste o cualquier otro jugo de frutas y/o verduras, les recomiendo que usen productos sin refinar y, en lo posible, orgánicos, como por ejemplo azúcar rubio o negro o miel. También se puede hacer un almíbar con azúcar rubio y especias o hierbas que les gusten y lo utilizan para endulzar sus bebidas.

No estoy en contra de endulzar con azúcar refinado, de hecho, va a haber un montón de recetas en este blog para glotones como yo, simplemente les cuento una opción más sana para comer azúcares sin cocer.

 Jugo de zanahorias y naranjas:

(para una persona)

 1 zanahoria pelada

Jugo de 2 naranjas bien dulces

Exprimir las naranjas, cortar la zanahoria y pasarla por la juguera. Mezclar ambos jugos y endulzar a gusto.

Otra bebida que me fascina es el chai. Lo conocí en Barcelona, cuando estaba de visita en lo de mi querida amiga Gaby. Evidentemente no porque fuera algo típicamente catalán, sino porque había más variedades de bebidas a la hora de elegir. A continuación les copio la receta de chai que a mi me gusta. Les cuento que no es una bebida especial para la mañana, de hecho es un té muy reconfortante que va bárbaro en la tarde.

Si no quisiéramos hacer esta versión casera de Chai, podemos adquirirlo en supermercados en su versión en saquito de las marcas Twinings (“Indian Chai” de la línea Voyage) e Inti zen (“Chaman Chai”). Mi favorito cuando compraba en saquito era el de la marca Carmencita (me pareció mucho más especiado que los demás) pero hace unos meses ya que no veo esa variedad en los supermercados. Otra variedad de chai que podemos conseguir es en hebras en La Tienda del Té, bajo el nombre de “Oriental Chai”. No lo he probado, pero de todas maneras le recomiendo a los amantes del té que se den una vuelta por ahí (Roque Graseras esquina Scoseria) porque van a encontrar una gran variedad de tés espectaculares. Si lo prueban, no duden en contarme qué les pareció.

Todos los ejemplos que señalé tienen té negro. La versión que les paso no tiene ningún té, pero si prefieren pueden agregarle negro o verde, como gusten.

 Té Chai

4 tazas de agua

3 semillas de cardamomo

1 cdita de pimienta negra

2 ramas de canela

4 rodajas de jengibre

3 clavos de olor

Leche (puede ser animal o vegetal)

Poner todas las especias a hervir tapadas por 20 minutos. Luego colar, poner la leche a elección y calentar. Quitar del fuego y endulzar con miel a gusto.

Da para varias tazas. Si es para una sola persona, se puede guardar en la heladera tapado y sin agregarle ni la miel ni la leche, y cada vez que se vaya a tomar se calienta con la leche elegida.

Les dejo de yapa la receta de los muffins que aparecen en la foto que van muy bien con este chai.

 Muffins de zanahoria y pasas de uva

 1 ½ T harina

1 cda de té polvo de hornear

½ cda de té bicarbonato de sodio

pizca de sal

½ cdita canela en polvo

½ cdita jengibre en polvo

150 gmanteca

1 T azúcar rubio

1 huevo

2 cdas de té yogur natural

¼ cdita esencia de vainilla

1 ½ T zanahoria rallada

½ T pasas de uva rubias

Mezclar los secos en un bowl y apartar. En otro bowl mezclar la manteca derretida con el azúcar, el huevo, el yogur y la vainilla. Agregar las zanahorias y las pasas a la mezcla de líquidos. Alternar los ingredientes secos con los líquidos. Verter en moldes de muffins o magdalenas y llevar a horno precalentado a 200ºC por 25 a 30 minutos.

Espero que disfruten de estas recetas. Hasta la próxima!