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Una de las cosas que más disfruto es cocinar para las personas que quiero. En general aprovecho los fines de semana ya que estoy más distendida, lejos de la vorágine de la semana y puedo aprovechar de todo el ritual de la cocina: preparar los ingredientes, elaborar la receta, servir lo que cociné en la mantelería y vajilla que elijo para la ocasión.

El domingo pasado quise agasajar a los pequeños de la familia. Todos los domingos van mis sobrinos a tomar el té a casa de mis padres, y como dignos niños, aman los dulces. Entonces se me ocurrió hacerles una receta de unas galletitas que me llegaron a mi casilla de correo de mi suscripción a la página de Martha Stewart.

Me encanta esta página. A pesar de que toca varios temas, como decoración, belleza y moda, entre otros, prácticamente no leo otra cosa que recetas. No sólo tiene muchísimas, sino que realmente son muy prácticas y sencillas, pensadas para quien tiene que cocinar a diario (en especial la sección de Everyday food). Además, en fechas especiales como Thanksgiving o Navidad, publican recetas típicamente norteamericanas, como la cranberry sauce o los pumpkin pies, que son divertidísimos de probar (por lo menos para mi).

Una de las especialidades de Martha Stewart son las galletitas. Tiene un libro enteramente dedicado a éstas que se llama “Martha Stewart’s Cookies” y está disponible para comprar en Amazon.com. Pude vicharlo en ese mismo sitio y tiene un montón de variedades súper tentadoras (hay libros de cupcakes, pies, tortas, en fin, de todo!).

Personalmente, me fascina hacer galletitas. Son de las primeras cosas que uno empieza a hacer cuando incursiona en la cocina, junto con las clásicas tortas de manteca y los scons. Además, hay tantos tipos diferentes para hacer, que en cada experiencia encuentro un nuevo sabor.

En este caso, les voy a dejar esta receta que es deliciosa. Son unas galletitas de textura chiclosa, alimonadas y súper dulces. A los niños les encantó que tuvieran azúcar por arriba. Se llaman Old-fashioned Sugar Cookies. Éste es el link directo, pero a continuación les voy traduciendo los ingredientes y procedimientos, porque en la página está en inglés. Espero que las hagan y les queden ricas.

Galletitas de Azúcar “Anticuadas” 

Precalentar el horno a 180ºC.

Cernir 3 tazas de harina, 1 cda de té de bicarbonato de sodio, ¼ cda de té de sal.

Poner 1 ¾ T azúcar, ¼ T de azúcar rubia y 1 cda de té de ralladura de limón en un mixer eléctrico durante 30 segundos. Agregar 100 g de manteca y continuar batiendo durante un minuto, hasta que esté pálido y esponjoso. Agregar los 2 huevos de a uno y 1 cda de té de jugo de limón. Reducir la velocidad e ir agregando la mezcla de los secos gradualmente.

 

Colocar una cucharada de masa en placa enmantecada y enharinada o con papel manteca y separar las galletitas entre sí unos 5 cm porque se agrandan bastante. Luego achatarlas un poco con una cuchara, espolvorear con azúcar, humedecer con unas gotitas de agua y volver a espolvorear con azúcar. 

Cocinar las galletitas hasta que estén doradas, aproximadamente por 15 minutos.

Se pueden guardar en latas hasta 3 días.

El fin de semana pasado fui a Colonia con mis amigas. No tengo recuerdo de cuándo fue la última vez que había estado ahí. Es increíble cómo uno se olvida de los lugares maravillosos que tiene su país. Cuando nos vamos de viaje, desgastamos los zapatos recorriendo todos los rincones de un país ajeno. Escurrimos los planos de las ciudades hasta el punto en que ni siquiera los locales conocen los lugares a los que fuimos, y sin embargo, cuando tenemos lugares de ensueño a la vuelta de la esquina, nos olvidamos que existen.

La cuestión es que volví enamorada de Colonia del Sacramento. Nos quedamos en un hotel muy bien ubicado, a pasos del centro histórico. Tuvimos la dicha de que el clima fuera perfecto, y pudimos caminar por las calles de adoquín todo el sábado y domingo.

Descubrimos puntos de venta de alimentos artesanales, como “Buen Suspiro”, casas de té como “Amada Café” o “1717”que es un café con una onda mucho más contemporánea que el primero que parece de muñecas, y restaurantes como “La Bodeguita”.

Lo más aprovechable de las instalaciones de “La Bodeguita” es la terraza. Si tienen la suerte de ir a Colonia y que les toque un lindo día, les recomiendo que vayan y se sienten a disfrutar de la vista al río. La comida era riquísima. Altamente recomendables los raviolones de tinta de calamar con salmón y el chivito. Yo pedí unos raviolones de calabaza que estaban increíbles, pero nobleza obliga aclarar que no vienen con “salsa” de brócoli y espinaca, sino con un puré de estas verduras (delicioso, pero hubo desilusión porque nos esperábamos algo más cremoso).

Después de almorzar, cuando ya había refrescado un poquito, nos refugiamos en “Amada Café”. Este lugar es un deleite, está decorado de forma muy romántica y vintage, y cada detalle está muy bien cuidado. Tomé un té “Dilmah”, una marca originaria de Sri Lanka, sabor “Peppermint and English toffee” (menta y caramelo inglés) que era espectacular, realmente delicioso. Para comer, pedí unos alfajorcitos de maicena, muy ricos con un dejo alimonado en la masa que me encantó y un brownie que era más una tortita tipo “square” de chocolate que un brownie estrictamente, pero era rico. También era muy rica la pasta frola, pero la torta de manzana y el lemon pie no eran buenos. La torta de manzana tenía un crumble que no era crumble, y era demasiado dulce, mientras que la tarta de limón tenía leche condensada en la crema y se perdía el sabor ácido de la fruta que, en mi opinión, es lo más rico.

En nuestras caminatas pasamos por unas posadas que tenían una pinta increíble (creo que mi próximo viaje a Colonia, voy a intentar hospedarme en una de ellas), muchísimos restaurantes y bares divinos y tiendas de ropa lindísimas pero un poco caras. Había mucha gente, en su mayoría extranjeros, pero en su medida justa, no estaba desbordada ni mucho menos.

En conclusión, tuvimos un fin de semana único: el lugar es alucinante, el clima fue súper ameno, la comida muy rica, pero lo mejor fue la compañía. Gracias amigas!

Hace una semana me regalaron el primer libro de la chef argentina Juliana López May. Me moría por tenerlo porque soy fan absoluta de su cocina y de hecho lo había regalado, pero aún no tenía una copia para mí, así que cuando mi amiga Uke me lo dio, salté de alegría.

Es un libro que puede ser atractivo para todo el mundo. Incluso para aquellos que en su vida se pusieron un delantal. No sólo porque tiene unas imágenes y un diseño siniguales sino que sus recetas son tan simples, únicas y completas a la vez, que le da ganas de comprarlo hasta al cocinero más perezoso.

“Mi primer libro de recetas” es femenino, dulce, sincero y muy tentador. Toda su estética nos invita a leerlo detenidamente apreciando el contenido de las recetas y la presentación de sus platos, que es fundamental para la autora, y a comprender lo que la cocina y la comida significan para ella.

Sigo a Juliana desde “Good food” y “Naturalmente Juliana” en el canal Elgourmet.com. Siempre me sedujo su sencillez y rusticidad para cocinar. Tiene muchísimo respeto por los ingredientes que utiliza y los aprovecha siempre en su mayor esplendor y para darle a nuestro cuerpo sus mejores beneficios.

Este libro tiene varios capítulos que además de recetas, tratan de viajes, vajilla y mercados, entre otros temas. Está organizado por tipos de comida incluyendo copetines y recetas de familia. Creo que un libro de esta chef no podía comenzar de otra manera que no fuera con bebidas. Tal vez fue por un tema de orden lógico, pero siempre me atrajeron sus jugos, infusiones y tragos porque son muy originales y sabrosos.

Si les gusta la cocina simple, sana y rústica, quieren aventurarse en platos muy sabrosos y originales o no son grandes cocineros y buscan recetas fáciles de hacer, les recomiendo este libro. Yo lo amo.

La primera receta que hice fue la sopa de remolachas. Es una pa-va-da. Sumarle aceto a la receta es una excelente idea pero para mi gusto resultó demasiado ácida. Si no prefieren los sabores muy fuertes, les recomiendo que cambien la taza de aceto por media de aceto y media de agua o caldo. También probé las frutas secas con curry y sal de mar (imperdibles y altamente adictivas) y el pie de manzana que también es muy fácil de hacer y queda espectacular. Las tres recetas son muy ricas y sencillas. Los invito a que las vean en la página web de Juliana (copio los links a cada receta debajo). Ahí van a encontrar muchas recetas y van a entender lo que les cuento de ella. A cocinar!

http://www.julianalopezmay.com/copetin/14-frutas-secas-con-curry-y-sal-de-mar.html

http://www.julianalopezmay.com/postres-y-cafe/143-pie-de-manzana.html (para ver esta receta se van a tener que registrar)

http://www.julianalopezmay.com/sandwiches-y-sopas/75-sopa-de-remolachas-.html

Me encanta la pasta. En particular, la seca. Es de las comidas más versátiles que existen. Con aceite de oliva y un buen parmesano rallado salimos del paso cuando estamos apurados y perezosos, a la misma pasta la podemos servir con una rica carbonara y hacer un plato un poco más elaborado, también podemos saltearla con algunas verduritas al wok y mucha soja, al mejor estilo oriental, o acompañar un plato de albóndigas y hacer un almuerzo italianísimo, al mejor estilo “La dama y el vagabundo”. Cuando de pasta se trata, todo vale.

Últimamente compro pasta de sémola de trigo duro, aunque confieso que me encantan los tallarines al huevo caseros y los ñoquis caseros de cualquier sabor (papa, calabacín, rúcula, remolacha, etc). A medida que vaya haciéndolos de nuevo, les iré contando y pasando las recetas. Piano, piano… 

En general para uso diario, llamémosle así, compro pasta integral o de albahaca de Las Acacias, pero cuando quiero darme un gusto o vienen amigos a cenar compro Divella, Colavita o Barilla. Sé que Cipriani es buena pero confieso que aún no la he probado, aunque tengo unos pappardelle entre ceja y ceja, así que en breves les contaré qué me parecieron. 

Mis favoritos son los spaghetti, tagliatelle y penne y lo que más me gusta es hacer ensaladas con ellos. Pueden ser más frescas para el verano o tibias para el invierno, pero lo cierto es que no hay recetas cerradas para las ensaladas con pasta. Son siempre una buena alternativa y podemos incorporar muchísimos ingredientes frescos a nuestros platos.  

La Semana Santa pasada, mi novio y yo, fuimos un par de días a Punta del Este. Obviamente llegamos a una heladera vacía, así que fuimos al súper y compramos los ingredientes de la cena. Siempre es bueno ir a hacer las compras con una idea de lo que queremos cocinar, pero no con una lista muy cerrada de los ingredientes que necesitamos, porque depende de lo que haya en estación o las variedades que encontremos de lo que buscamos. En este caso, no había lista, por eso nos dimos el gusto de comprar lo que más nos tentó. Acá van los pasos de los tagliatelle con brie que hice esa noche.

Recuerden que si no son tagliatelle, pueden ser spaghetti u otra pasta y si no tienen brie, puede ser cualquier queso cremoso que les guste, un camembert, un queso de cabra, una ricota u otro. Lo mismo con las verduras, es la magia de las ensaladas de pasta. Recuerden que está bueno que tengan distintas texturas, algo cremoso, algo fresco, algo crocante. Las posibilidades son infinitas. 

No les paso cantidades exactas, porque la verdad es que lo hice a ojo y no les podría decir cuánto puse de cada ingrediente exactamente.  Pero piénsenlo en función a la cantidad de comensales. Por ejemplo, van a necesitar dos fetas (generosas, para mi gusto) de queso por plato, un puñado de tomates cherry por persona, la mitad de aceitunas negras porque son muy invasivas y algunas hojas de albahaca. La porción de pasta depende enteramente del apetito de cada uno. Para mi las porciones que indican los paquetes son muy chicas, por eso las hago más grandes, pero cada uno sabe cuánto come y si sirvieron algo antes de la pasta.

PASTA CON BRIE

Tagliatelle de sémola de trigo duro sabor espinaca

Tomates cherry

Albahaca

Un trozo de queso Brie

Aceite de oliva

Aceitunas negras descarozadas

Sal gruesa (si es marina, mejor)

Pimienta negra

Poner el agua a calentar. Al hervir agregar la pasta hasta que esté al dente (en este caso 7 minutos).

Saltear los tomates cherry en aceite de oliva con un poco de sal y pimienta negra recién molida.

Disponer de los platos que se van a servir. Colocar un poco de albahaca cortada a mano, algunos tomates, aceitunas y una feta del brie.

Luego de colar la pasta, servir las porciones en los platos que acabamos de preparar.

Disponer sobre la pasta, más tomates, aceitunas, hojas de albahaca enteras, otra feta de brie y un chorro de un buen aceite de oliva.

Acompañar con un rico vino tinto.

 

Cuando era chica, mi abuela María Lina me decía: “Hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo.” Básicamente porque, como todos sabemos, el desayuno es la comida más importante del día pero, además, porque todo lo que comamos inmediatamente antes de irnos a dormir, es probable que lo almacenemos bajo la categoría “rollitos”.

En mi caso, y desde que tengo recuerdo, mi comida favorita es el desayuno. No sólo porque me despierto realmente famélica, sino porque hay algo de ese momento en que uno está entre dormido y despierto, como en cámara lenta, que me invita a disfrutarlo y a comer cosas ricas.

En mis épocas de liceo, hacíamos cadena caminando con mis amigas para ir al colegio que era a dos cuadras de mi casa, por lo cual era la última a quien pasaban a buscar. Siempre, siempre, siempre las hacía esperar. Tengo un problema con el manejo de los tiempos, lo reconozco… El tema es que aunque no me despertara en hora, no podía dejar de desayunar. Era parte de ese ritual al que nunca estuve dispuesta a renunciar.

En esos momentos, mi deleite matutino era un café con leche con tostadas con manteca y miel. Con los años, mi desayuno ha ido cambiando, pero no mi amor por este momento del día. Reconozco que entre semana, tengo que apurarme, pero los sábados y domingos, disfruto de estirar este momento hasta el mediodía en pijamas, tomando mate.

Hoy en día mi menú varía, depende de la estación del año o del antojo que tenga en el momento. En general en verano, tomo un rico jugo de frutas recién hecho o también un buen licuado, y en invierno vuelvo a la bebida caliente. Me gustan mucho los cereales integrales, la granola y el pan integral, por lo cual cualquiera de los tres van variando y metiéndose en mi desayuno.

En esta oportunidad, les voy a contar de dos desayunos puntualmente. Uno otoñal, básico pero lleno de vitaminas (como me gusta a mi) y otro también delicioso, pero de puro antojo.

Hace un par de días, aproveché la época de raíces y cítricos que nos da el otoño, y me hice un jugo delicioso de zanahoria y naranja. Les voy a pasar cómo me gusta a mi, porque les cuento que la verdad es que no me gusta endulzar los jugos y licuados, ni el café o té solos. Si fueran a endulzar éste o cualquier otro jugo de frutas y/o verduras, les recomiendo que usen productos sin refinar y, en lo posible, orgánicos, como por ejemplo azúcar rubio o negro o miel. También se puede hacer un almíbar con azúcar rubio y especias o hierbas que les gusten y lo utilizan para endulzar sus bebidas.

No estoy en contra de endulzar con azúcar refinado, de hecho, va a haber un montón de recetas en este blog para glotones como yo, simplemente les cuento una opción más sana para comer azúcares sin cocer.

 Jugo de zanahorias y naranjas:

(para una persona)

 1 zanahoria pelada

Jugo de 2 naranjas bien dulces

Exprimir las naranjas, cortar la zanahoria y pasarla por la juguera. Mezclar ambos jugos y endulzar a gusto.

Otra bebida que me fascina es el chai. Lo conocí en Barcelona, cuando estaba de visita en lo de mi querida amiga Gaby. Evidentemente no porque fuera algo típicamente catalán, sino porque había más variedades de bebidas a la hora de elegir. A continuación les copio la receta de chai que a mi me gusta. Les cuento que no es una bebida especial para la mañana, de hecho es un té muy reconfortante que va bárbaro en la tarde.

Si no quisiéramos hacer esta versión casera de Chai, podemos adquirirlo en supermercados en su versión en saquito de las marcas Twinings (“Indian Chai” de la línea Voyage) e Inti zen (“Chaman Chai”). Mi favorito cuando compraba en saquito era el de la marca Carmencita (me pareció mucho más especiado que los demás) pero hace unos meses ya que no veo esa variedad en los supermercados. Otra variedad de chai que podemos conseguir es en hebras en La Tienda del Té, bajo el nombre de “Oriental Chai”. No lo he probado, pero de todas maneras le recomiendo a los amantes del té que se den una vuelta por ahí (Roque Graseras esquina Scoseria) porque van a encontrar una gran variedad de tés espectaculares. Si lo prueban, no duden en contarme qué les pareció.

Todos los ejemplos que señalé tienen té negro. La versión que les paso no tiene ningún té, pero si prefieren pueden agregarle negro o verde, como gusten.

 Té Chai

4 tazas de agua

3 semillas de cardamomo

1 cdita de pimienta negra

2 ramas de canela

4 rodajas de jengibre

3 clavos de olor

Leche (puede ser animal o vegetal)

Poner todas las especias a hervir tapadas por 20 minutos. Luego colar, poner la leche a elección y calentar. Quitar del fuego y endulzar con miel a gusto.

Da para varias tazas. Si es para una sola persona, se puede guardar en la heladera tapado y sin agregarle ni la miel ni la leche, y cada vez que se vaya a tomar se calienta con la leche elegida.

Les dejo de yapa la receta de los muffins que aparecen en la foto que van muy bien con este chai.

 Muffins de zanahoria y pasas de uva

 1 ½ T harina

1 cda de té polvo de hornear

½ cda de té bicarbonato de sodio

pizca de sal

½ cdita canela en polvo

½ cdita jengibre en polvo

150 gmanteca

1 T azúcar rubio

1 huevo

2 cdas de té yogur natural

¼ cdita esencia de vainilla

1 ½ T zanahoria rallada

½ T pasas de uva rubias

Mezclar los secos en un bowl y apartar. En otro bowl mezclar la manteca derretida con el azúcar, el huevo, el yogur y la vainilla. Agregar las zanahorias y las pasas a la mezcla de líquidos. Alternar los ingredientes secos con los líquidos. Verter en moldes de muffins o magdalenas y llevar a horno precalentado a 200ºC por 25 a 30 minutos.

Espero que disfruten de estas recetas. Hasta la próxima!